Alemania

Nombre oficial: República Federal de Alemania
Superficie: 357.000 km²
Población: 83.180.000 hab.
Capital: Berlín
Idioma: alemán
Religión: 90% cristianos.
Régimen político: democracia parlamentaria
Hora local: GMT+1; GMT+2 en verano
Electricidad: 220V

Fiestas y Celebraciones

En Alemania las festividades agrupan desde las fiestas paganas de la cosecha hasta las galas de ópera de etiqueta. En todo el país se suceden festivales de invierno, y las grandes ciudades como Colonia, Munich y Maguncia explotan en Carnaval justo antes del Miércoles de Ceniza. La rica herencia musical alemana se exhibe en una plétora de festivales. Algunas poblaciones se centran en un compositor particular, como el Festival de Bach en Turingia, que se celebra en marzo, o el Festival de Richard Wagner en Bayreuth, a lo largo del mes de julio; otros espectáculos se basan en temáticas concretas. Los festivales de jazz de Francfort (abril), Stuttgart (abril) y Berlín (noviembre) son muy populares. El otoño es una magnífica temporada para la algarabía de las cosechas, especialmente en Renania, donde el Rin en Llamas ofrece barcazas cargadas de fuegos artificiales. También destaca la Oktoberfest, la gran fiesta anual de la cerveza de Munich, aunque se trata más de un acontecimiento turístico que de un ejemplo representativo de la cultura alemana. En casi todos los pueblos de Baviera se celebran fiestas dedicadas a la cerveza, todas ellas mucho más originales que la Oktoberfest. Las familias alemanas celebran con intensidad la Navidad, con mayor profusión en Lübeck, Munich, Berlín, Nuremberg, Münster, Essen y Heidelberg

Recomendaciones en cuanto al clima

Se recomienda ir bien equipado a pesar de la época del año en que se viaje, dado que en Alemania el tiempo es muy variable. El mejor período para visitar el país coincide con la máxima afluencia turística, entre mayo y octubre (excepto para los esquiadores). Durante el resto del año desciende el turismo y Alemania puede sorprender con un clima de lo más agradable. No existe una temporada de lluvias específica

Dinero y Precios

Moneda euro

Comidas

Presupuesto variado: desde 8 euros al paso y 20 a 60 en restaurantes.
Si bien es fácil gastar mucho dinero en Alemania, también es posible desembolsar menos de 40 euros al día si se viaja en tren con un abono y la alimentación se basa en comida barata para llevar o en cocinar uno mismo; sin embargo, aquellos que prefieran comer en restaurantes con asiduidad, viajar libremente con transporte público y alojarse en hoteles de categoría media-alta, tendrán que contar con al menos 100 euros diarios. A pesar de ser reconocidas ampliamente, las tarjetas de crédito sólo se aceptan con seguridad en hoteles importantes, gasolineras y grandes almacenes; es preferible no dar por sentado que los restaurantes las admitirán. En Alemania, abundan los cajeros automáticos, y resulta sencillo acceder a la propia cuenta de ahorro o de crédito. La moneda extranjera se canjea en los bancos y, en las grandes ciudades, en oficinas de cambio habilitadas para este efecto. En general no se esperan ni se dan propinas, aunque un cliente puede gratificar un servicio excelente Berlín

Facilidades turísticas

Las oficinas de turismo de Berlín (la Central se halla en la puerta de Bradeburgo) venden la tarjeta Welcome Card, que ofrece descuentos de hasta el 50% en un centenar de visitas turísticas, así como gratuidad en transporte público, incluida la excursión a Postdam, a 25 km de la ciudad; las hay para dos días o para tres. Las oficinas de turismo también venden la Guía de Berlín –en castellano–, con información útil para los visitantes. La variada oferta nocturna de Berlín abarca desde ópera a espectáculos de cabaret.

Moverse por la ciudad

Moverse en transporte público es conveniente por las grandes distancias. El Tageskarte es un abono que ofrece precios con descuento y facilita el uso de tranvías, autobuses y metro de superficie (S-Bahn) o subterráneo (U-Bahn). Los billetes se compran en andenes y estaciones. Es recomendable realizar un paseo en barco por el río Spree y sus canales, en especial por el barrio Mitte, donde se admiran edificios históricos como los de la Isla de los Museos o el palacio Real

Principales visitas

• Puerta de Brandeburgo
• Reichstag.
• Palacio de Charlottenburg
• Catedral
• Tiergarten
• Potsdamer platz
• Monumento al holocausto
• Isla de los museos

Postdam y sus palacios

Postdam, apodada la «perla de Brandeburgo» situada 25 km al suroeste. Esta ciudad vivió su esplendor entre los siglos XVII y XIX, cuando los príncipes de la dinastía de los Hohenzollern la escogieron para construir sus suntuosas residencias estivales. En Postdam destaca el palacio rococó de Sanssouci, construido sobre viñedos en el siglo xviii; también el palacio Nuevo, el más imponente, con un espléndido parque; la Orangerie, un edificio renacentista del siglo XIX; y el Cecilienhof, un castillo estilo Tudor, alzado junto al lago Jungfern. Todo el conjunto es Patrimonio de la Humanidad.

CASTILLOS DE BAVIERA

El lago Chiemsee tiene dos islas, una grande y otra pequeña, llamadas respectivamente Herreninsel –isla de los señores– y Fraueninsel –de las damas–. La grande se la reservó el rey para sí. Allí hizo levantar una réplica del palacio de Versalles, con sus fuentes, parterres y jardines. El salón de los Espejos tiene medidas algo mayores que el de Versalles; pero ciertas estancias, como el dormitorio de gala, superan de largo el modelo francés. Las costosas obras nunca se acabaron. En realidad, en la isla existía ya un castillo, el Altes Schloss, que se mantiene pegado a la copia versallesca. A la Herreninse sólo se puede ir en un pequeño transbordador. La Fraueninseln, en cambio, está habitada.

Bad Tölz, la «capital» de la alta Baviera. Como indica su nombre –bad significa baño–, es localidad balnearia donde se hace de todo con el agua: beberla, inhalarla, nadar, tomar saunas. Los espíritus de secano pueden optar por el Markt o plaza Mayor, con edificios burgueses, o por el monasterio barroco de Benediktbeuren, kilómetros más adelante.

Garmisch-Partenkirchen queda al alcance de la mano. Garmisch, no muy grande, pero con una agitación desproporcionada, es una meca para los amantes de la nieve. A un paso del centro urbano están las gargantas de Partnach, el escurridero por el que desagua un glaciar de la Zugspitze. En 1905 se abrió este angosto desfiladero al turismo, para lo cual hubo que cavar túneles en la roca.

A la Zugspitze –la montaña más alta de Alemania– se puede subir en tren cremallera o en teleférico. A Luis II le fascinaba tanto esta montaña, que se hizo construir un pabellón de caza no lejos de aquí, cerca de Elmau. Algunos lo llaman «el palacio persa» por su gusto orientalista. Lo cierto es que el servicio vestía a la turca, y siempre tenía dispuestas pipas de agua; el rey no lo usó mucho, la verdad.

Oberammergau, más adelante, es un pueblo precioso, con sus fachadas pintadas de perifollos barrocos. Muy cerca, en un enorme parque, se esconde el castillo de Linderhof, una joya de estilo rococó arropada por estanques, fuentes y jardines escalonados, el único que Luis II terminó por completo. En un flanco del jardín construyó una gruta artificial que «reproduce» la Gruta Azul de Capri; en realidad, es un decorado real para el Parsifal wagneriano. Un pequeño escenario se abre a un lago sobre el que flota una góndola dorada en forma de cisne. Al final de su vida, Luis II, se recluía aquí largas temporadas y hacía que una orquesta interpretara hasta el agotamiento la música de Wagner, que él escuchaba embelesado sobre la góndola.

También entre florestas, muy cerca, está Kloster Ettal, monasterio benedictino célebre por su cúpula en forma de panza de abad, por el canto gregoriano de los monjes y por un convincente licor conventual. Más adelante, una iglesia en medio de los prados que llaman precisamente Wieskirche –iglesia del prado–, un delirio rococó de dorados y ángeles mofletudos. El abad Marianus, que puso la primera piedra, grabó en uno de los vitrales: «Aquí se encuentra la felicidad, aquí el corazón halla la paz». Füssen, una cercana población vigilada por su castillo episcopal, tiene bastante animación, tiendas y tabernas simpáticas. Pero el verdadero imán irresistible está en Schwangau, el pueblo de los castillos reales. En Schwangau de Arriba –así habría que traducir Hohenschwangau–, sobre una colina asomada al azogue líquido del Schwansee, se alza el perfil cremoso de un castillo que hizo construir el padre de Luis II. Éste pasó gratos momentos en aquel «paraíso en la tierra que ha forjado mis ideales y me ha hecho feliz», como escribió a su admirado Richard Wagner. La amistad con el músico estaba predestinada: el interior del castillo está decorado con frescos que reproducen, cual cromos infantiles, la saga germánica de Lohengrin. Cuatro años después de acceder al trono, Luis levantó la más querida de sus fantasías, Neuschwanstein, el castillo de Lohengrin hecho realidad. Su mágico perfil, con las torres y los chapiteles empinados sobre un peñasco, rodeado de bosques, lagos y montañas de postal, fue copiado por Walt Disney para La bella durmiente. La idea de estar pisando un decorado de película sólo se desvanece cuando compruebas la detallista solidez con que están labrados los capiteles de piedra, engastados los mosaicos, extendidos los frescos que, esta vez, narran la saga del Lohengrin wagneriano como un espejo reflejando otro espejo.

Munich

Munich, tercera ciudad más extensa de Alemania, aúna patrimonio artístico e intelectual y pasión hacia las fiestas. Así lo demuestran sus edificios góticos, diseños vanguardistas como la estación de metro de St. Quirinplatz, y celebraciones multitudinarias como la Oktoberfest. Además ha sabido preservar las tradiciones en un contexto de intenso desarrollo industrial en el último siglo.

Para recorrer la ciudad, lo mejor es comenzar por el casco antiguo o Alstadt, concretamente en la columna de la Virgen, en la plaza Marienplatz. Este entorno es hoy el más frecuentado de Munich, gracias a los comercios y los cafés que lo pueblan. Un poco más adelante se encuentra la iglesia Frauenkirche, el mayor templo gótico del sur de Alemania, que fue levantado entre 1468 y 1488. La parte norte del Alstadt es un laberinto de calles jalonadas por elegantes edificios del siglo XVII y XVIII, y a su alrededor se concentra la vida cultural de la ciudad, con teatros ¯la Ópera Nacional y el Teatro de Cámara de Munich¯, salas de conciertos y exposiciones ¯Literaturhaus¯, además de palacios de estilo barroco y rococó ¯Arzobispal, Preysing, Porcia¯. Digna de admirar es también la parte moderna de la ciudad: es el caso del Parque Olímpico, diseñado para los Juegos de 1972 y que está situado en torno a diversas colinas ajardinadas que se levantaron con los escombros dejados por los bombardeos de la segunda guerra mundial. Otra cita deportiva nos aguarda el estadio de fútbol Allianz Arena, diseñado por los prestigiosos arquitectos suizos Herzog y de Meuron. Fue inaugurado en abril de 2005 y es el hogar de los dos equipos muniqueses, el FC Bayern Manchen y el TSV 1860 München Allianz. Pero el amor hacia las fiestas rivaliza con el gusto artístico e intelectual: la Pinacoteca Antigua (Alte Pinakothek) y la Pinacoteca Nueva (Neue Pinakothek) fueron fundadadas por los reyes Maximiliano I y Luis I con el fin de convertir Munich en una de las capitales europeas del arte y la cultura.

En el sudeste de Alemania se sitúa el estado de Baviera, del que Munich es capital. La ciudad, surcada por el río Isar, es la tercera del país en número de habitantes (1,5 millones) y uno de sus motores económicos. Para visitar Alemania sólo se precisa llevar el pasaporte o el Documento Nacional de Identidad. El país pertenece a la zona euro.

El centro histórico

Las delegaciones de turismo ofrecen rutas guiadas en lengua castellana por el casco antiguo, que es peatonal. La visita puede iniciarse en la Marienplatz, el centro neurálgico de la ciudad. Allí están los ayuntamientos Viejo y Nuevo. El reloj con autómatas de este último suena al mediodía y a las cinco de la tarde. Cerca de la Marienplatz se alza la iglesia Frauenkirche, que destaca por sus torres bulbosas. Otra visita en la zona que merece la pena es la Cervecería Real Si Munich es la capital alemana de la cerveza, este local histórico tiene fama de servir la mejor del país. Abre a diario y suele acoger conciertos de música tradicional. Otra visita emblemática en el centro es el palacio y jardines de la Residenz, construido entre los siglos XIV a XIX. Tiene elegantes salas de estilos diversos como el renacimiento, barroco y rococó. La más célebre es el Antiquarium, decorada con frescos. El recinto abre cada día y se cobra entrada; se puede recorrer con guías.

Distrito de los museos

Cerca de la Residenz, aunque ya fuera del centro antiguo, se halla el denominado «distrito de los museos», junto a la plaza del Obelisco. En ese barrio se reúnen las pinacotecas Antigua, Nueva –ambas cierran los lunes– y la de Arte Moderno –los miércoles

Los barrios nuevos

Fuera del centro crecen nuevos barrios con edificios innovadores dedicados a la cultura y al ocio. En las afueras está el Parque Olímpico, al que se llega en metro, –la parada es Olympiazentrum–. Se construyó alrededor de un lago para acoger los Juegos de 1972. En el complejo destaca la Torre Olímpica, de 290 metros, con vistas sobre el pabellón con forma de carpa del Olympiahalle. Cerca se ubica la sede de la empresa BMW, un espectacular edificio con forma de cilindros. Su museo del automóvil estará cerrado hasta el año 2007 por reformas, aunque permanece abierto un centro provisional. También en el norte está el moderno estadio de fútbol Allianz Arena. Se accede en metro –línea U6, parada Fröttmaning–. Destaca la cubierta exterior, que se ilumina de noche; el interior se visita con guía.

Fiestas y cultura

La Oktoberfest es la fiesta más popular de Munich. Dedicada a la cerveza, se celebra desde mediados de septiembre hasta principios de octubre. Tiene lugar en el recinto del Theresienwiese, al que se llega en metro. En la Maximilianstrasse está el edificio de la Ópera, que acoge cada julio un festival centenario. Otro evento cultural es el festival de música y teatro Tollwood. En verano ocupa el Parque Olímpico y en invierno, el Theresienwiese.

Más información www.alemania-turismo.com